Silencio

Todo lo que nos rodea lo interrumpe, todo lo que a diario usamos lo perturba y no hay nada que lo genere.

Para pensar necesitas concentración o por lo menos suficiente motivación para poder crear las condiciones adecuadas para dejarte llevar por el raciocinio. El silencio es la gran puerta al pensamiento, pero pocas veces esta abierta y la mayoría de veces ni la echamos en falta.

¿Quien valora hoy en día el silencio?

Nadie, por que iba a tener valor algo que no se puede publicitar, empaquetar ni vender.

Los centros laborales a sabiendas que mantener ese silencio es imposible y además podría dar la apariencia de que no se trabaja obtan por los hilos musicales. Que triste tiene que ser formar parte de la música del hilo musical. Eres música, pero sin demasiada personalidad para perturbar, ni suficientemente compleja para pasar desapercibida. Se busca música que se sepa que esta ahí, toda la jornada laboral, toda la vida laboral, es un ritmo: la forma más arcaica del mundo de motivación empresarial. Pensemos sino en los tambores de los barcos romanos.

Los centros comerciales optan por la sobresaturación, en nuestro caso la aniquilación del silencio: ese antiproducto de la naturaleza. Múltiples equipos electrónicos cada cual con su música sobresaturada de falsa personalidad, todos compitiendo con un entorno febril al que no puede faltar esos sistemas de alarma antirrobo que nos recuerdan que aún existen ruidos más molestos y que ellos también los tienen, aunque siendo paradójico no a la venta, pero forma parte de su imagen de marca.

Los sistemas de transporte lo tienen difícil para poder preservar el silencio, como se mueven crujen, como aglutinan mucha gente en poco espacio se ahogan en ruido de conversaciones y como al fin y al cabo son el lugar de trabajo de alguien caen irremediablemente en el hilo musical.

Pero caso especial es el coche particular, es nuestro, muchas veces conducimos solos. Es una máquina y el silencio absoluto no se le puede pedir, pero hay que reconocer que cada vez son más sigilosos. Como buen producto de marketing están diseñados para no sobrevalorar el antiproducto de la naturaleza y nada más encenderlos, salta la música. Incluso al apagar el motor la música sigue ahí, solo cuando de verdad vamos a salir y la llave sale del contacto, entonces y solo entonces el silencio tiene una opción. Aunque normalmente para entonces ya tenemos media cabeza fuera del habitáculo y el estresante mundo exterior nos invade.

En resumen, hoy deberías apoyar al silencio, dedícale cinco minutos. El lugar lo propones tu, puede ser el coche antes de que la llave le de vida, puede ser un rincón apartado de tu trabajo en el que puedas estar un rato y por supuesto, como no, puede ser el hogar. Ese lugar en el que aún tenemos algo de control sobre el silencio. Lo importante no es el tiempo que estés pendiente del silencio, muy al contrario lo importante es lo lejos y lo a menudo que seas capaz de cruzar esa puerta para que tu organismo no se desequilibre.

Sentidos