Elegir

Elegir. Llevo años peleada con este verbo. Si lo pudiera definir como la postura de una persona, diría que está siempre sentado, esperando. Y cuando hay que decidir algo, elegir algo, el verbo se levanta, pone en marcha la acción.

Como soy de las postergadoras y de las que les cuesta mucho elegir y decidir, este verbo para mí siempre ha sido el de la acción, porque yo creía que hasta que no elegías no sucedía nada, la vida seguía su curso y ya estaba. El verbo estaba sentado y la acción pasaba por delante de él sin provocarle nada. 

Me costó unos años (y aún a veces lo olvido) entender que cuando no eliges también estás eligiendo. Estar sentada también es elegir, y significa elegir seguir en el mismo sitio, permanecer. No decidir implica seguir haciendo lo que estás haciendo, seguir viviendo en el mismo lugar y con las mismas personas con quienes lo haces, seguir trabajando, e incluso seguir teniendo los mismos pensamientos, reaccionar a ellos de la misma manera, sentir del mismo modo... Y no es  ni malo ni bueno, es la acción mirada desde puntos de vista diferentes, sin más.

En el pasado el hecho de no elegir, para mí significaba formar parte de un "plan" al que yo no tenía acceso, y del que ni siquiera era consciente. En ese "plan" la vida iba pasando, y yo sin más iba bailando la canción que sonaba, sin saber siquiera que tenía opción de elegir bailar rock and roll o techno. Este "plan", por otra parte, me alegraba cuando me gustaba y lo criticaba sin piedad cuando me venía mal. El "plan" también me daba seguridad, porque no me hacía responsable de lo que ocurriera. Pasara lo que pasara yo no había elegido, con lo cual las consecuencias eran algo ajeno a mí, incluso cuando eran dolorosas. Culpar al "plan", al karma, a qué alguien me quería mal, a mi mala suerte, eran mis reacciones favoritas .

Y en todo este entramado, además tenía en las personas que me rodeaban, a mis secuaces perfectos para elegir y decidir donde yo no quería hacerlo. Y por supuesto después eran el blanco de mi furia si las cosas no salían como yo quería. Sin embargo no se me ocurría por ejemplo, que podía estar agradecida cuando elegían algo que me hacía feliz. La no elección me dejaba a merced de las circunstancias, de personas, de intereses, de la meteorología... de casi todo en realidad.

Hace unos años, una persona muy especial me dijo "cuando no eliges estás decidiendo seguir en el mismo lugar". Me lo dijo para darme impulso para salir de una situación muy compleja. Yo, en mi fantasía de estar bajo "el plan", imaginaba y pedía que la situación cambiase, pero no movía un dedo para ello. Me costó muchísimo entender, como he contado antes, que el hecho de no moverte de la silla, implica una elección, aunque no haya acción.

Nuestra realidad personal se compone de elecciones constantes, una detrás de otra, pasando desde las más sencillas - me levanto ahora de la cama, me pongo el jersey morado, cojo este autobús... hasta las más complicadas - sigo viviendo con esta persona, le digo a mi jefe que dejo mi trabajo... Lo más habitual es que las elecciones no sean grandes procesos mentales, lo normal es que surjan desde un lugar de hábito, de reacción a veces, y de esta manera nos ayudan a vivir en nuestra realidad diaria.

Creo que es interesante practicar más a menudo la elección consciente, aunque sea en las cosas que hacemos de manera más automática -tomar café para desayunar. Entrenar esta capacidad te puede ayudar a elegir con más consciencia y en temas más complejos, te puede dar más libertad de acción y más independencia de los demás. Te pone en el lugar de coger el disco que quieres y bailar aquello que deseas.

Elegir
utilitas, el valor de la escucha, Aurora Ferro 31 octubre, 2022
Compartir
Archivar
Compartir(te)