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Me he dado cuenta de que yo no  suelo compartir lo que me pasa. La verdad es que no lo he compartido nunca. 

Así de primeras, veo dos razones constantes para que me ocurra esto. Quizá no sean dos razones separadas, quizá son dos partes de un todo, o una razón alimentándose de otra.  En cualquiera de los casos, existen y promueven este silencio.

Me doy cuenta de que yo, como todxs imagino, construyo una imagen de mí hacia el exterior. La construyo a veces de manera consciente y otras inconsciente. Esta imagen la construyo con cosas como la manera en la que me visto, la manera en la que ando, la manera en la que saludo, sonrío... Es una parte de la comunicación con el mundo que como digo, va desde mí hacia el exterior. En lo concreto, si una pregunta tan sencilla como "¿Qué tal estás?" obtiene una respuesta automática de “bien”, y se repite durante el tiempo y en diferentes entornos, lo más probable es que los demás crean que estás bien. Esto es lo que habitualmente hago yo

Pues algo tan sencillo como esta pequeña comunicación, ha hecho que mi vida desde fuera de mí pueda parecer perfecta, o al menos bastante buena. Pero nadie tiene una vida perfecta... probablemente ni siquiera bastante buena, y aunque fuera así, tampoco las cosas están bien durante todo el tiempo.

Todos tenemos nuestros miserias, con lo cual cuando toca contar... ¿qué ocurre? Pues en mi caso, me veo contando algo que nadie sabe, que yo creo que nadie espera, porque según la imagen que yo he mostrado en la que todo es perfecto, resulta que de repente no lo es, o así lo siento yo. Esto me hace sentir muy incoherente, porque en ese momento mi exterior está visibilizando algo que durante mucho tiempo he contado que era de una manera, cuando realmente es de otra. 

Por otro lado, me pregunto cómo puede ser qué siga haciendo lo que hago si me hace estar mal, y vuelve el sentimiento de incoherencia. Y cuando esto se repite en el tiempo y con muchas personas, acabo teniendo la sensación constante de estar acomodada en la queja y en la crítica de lo que me sucede, pero bien a gusto porque no hago nada por salir de ahí.

Todas estas cosas hacen que me cierre a contar lo que me pasa. Y no contarlo hacia afuera también es no contármelo a mí, es estar ciega ante mi realidad, no querer mirarla porque duele, y porque solucionarla puede doler aún más. La imagen que proyecto hacia el exterior con las respuestas automáticas, el miedo a caer en la queja, el miedo a qué pensarán... solo son excusas para no mirar lo que sucede.

Me suelo decir a mí misma que un primer buen paso para dejar atrás todas las excusas es escribir lo que me pasa. Pero lo cierto es que con un buen interlocutor, el contarlo y sacarlo de tu cabeza, ponerle palabras que puedas oir en voz alta, y emocionarte con ello, es mucho más potente, tiene mucha más fuerza y más recorrido... Pero sin olvidar para quién lo haces. PARA TI.


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utilitas, el valor de la escucha, Aurora Ferro 7 octubre, 2022
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Toma de Consciencia
Reflexión realizada en 2012 al inicio de una formación sobre Liderazgo Sistémico