Estrés y buenas maneras

Hace unos meses acompañé a un cliente que sentía estrés. He elegido a propósito la palabra sentir porque por un lado, el estrés representa algo intangible, un conjunto de sensaciones que uno tiene y que pueden no ser iguales a las de otra persona que también las sienta. Y por otro lado, porque la palabra sentir me lleva a pensar en cómo el estrés se somatiza en el cuerpo, cómo ese cúmulo de sensaciones hacen acto de presencia en lo físico... se sienten.

Yo tardé años en saber que lo que somatizaba mi cuerpo en sensaciones diferentes tenía un núcleo común, el estrés. Insomnio, visión borrosa, vértigos, mareos... son señales que el cuerpo me mandaba para avisarme de que estaba en un punto límite, que tenía que parar y escuchar. 

Pero antes de empezar a recibir todos esos avisos que mi cuerpo me enviaba, había algo que sentía constantemente, algo más silencioso, algo que en ocasiones me ha servido para protegerme, algo que he sentido en muchos momentos de mi vida y que quizá por ello, cuando apareció de manera repetitiva no lo vi como algo alarmante: el miedo.

Empecé a sentir miedo por cosas que en el pasado no me producían esa sensación, como llegar tarde, recibir una llamada de teléfono, ver a alguna persona concreta...  Y en lugar de cuestionarme si tenía sentido vivir esas situaciones con temor, pararme a analizar si era un estímulo racional o no, seguí adelante. Ahora sé que esta fue la primera señal de estrés. Pero hasta que toda esa acumulación de miedo no hizo mella en mi cuerpo, no paré y me pregunté de dónde venía.

Creo que la gestión del estrés es algo primordial para nuestro bienestar, y probablemente una tarea bastante complicada de llevar a cabo. Creo que subestimamos el daño que el estrés puede hacer a nuestro cuerpo, a pesar de que está demostrado científicamente que las sustancias que genera éste, de manera repetida son perjudiciales para nuestro organismo. Entonces, ¿por qué no somos capaces de pararlo?

Cuando una persona está estresada, está muy lejos de poder gestionar ese estrés, porque ya tiene bastante con sostener lo que tiene a su alrededor como para pedirle que pare y revise su interior. Quizá para empezar, simplemente necesita que le traten bien. Quizá para empezar, simplemente necesita buenas maneras; paciencia, escucha, tonos de conversación pausados, peticiones con amabilidad y tranquilidad, cero gritos, cero prisas... porque precisamente los malos modos, la falta de amabilidad, la falta de tacto, son la chispa que enciende el mecanismo del estrés.

Por eso creo que las buenas maneras son enemigas del estrés, y son algo que todxs podemos practicar con los demás aún sin conocerles, sin saber de su situación vital. Y las reivindico para los lugares de trabajo, porque son espacios donde habitualmente  estamos retados, en tensión, con muchos inputs exteriores que atender, situaciones que solucionar, prisa, y por ello son un caldo de cultivo excelente para el estrés. Las buenas maneras pueden ser un bálsamo nutritivo para afrontar el día a día y una esencia asequible que ayuda a construir relaciones.

Estrés y buenas maneras
utilitas, el valor de la escucha, Aurora Ferro 4 enero, 2023
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