Deconstruirse

La primera vez que escuché la palabra deconstruir, tenía que ver con algo culinario. La deconstrucción en este ámbito, es una técnica que desarrolló Ferrán Adriá , aunque si buscas un poco por internet, puedes descubrir que esta palabra también tiene significados más filosóficos.

Yo, que vengo del mundo de la construcción, cuando trato de definir la deconstrucción me imagino un edificio al que le voy quitando poco a poco todos los elementos, las puertas, ventanas, suelos, los ladrillos de la fachada... hasta dejar visible su estructura más básica.

Y me pregunto, ¿tiene sentido deconstruir si luego no construimos? Yo creo que no. Como seres humanos que vivimos en el cambio constante y que cada día somos diferentes, que cada día nos podemos sentir distintos, que donde encajábamos ayer hoy ya no lo hacemos, deconstruirnos es algo que hacemos casi sin querer. Nos miramos al espejo y nos vemos una arruga distinta, un tono de piel diferente, y nos preguntamos el por qué. Y después decidimos cómo vamos a afrontar ese cambio, qué nuevos pensamientos debemos implementar para asumir la diferencia, qué vieja creencia debemos desechar para poder seguir adelante con nuestro día. Deconstruimos y construimos en segundos. Basta un parpadeo para sentir que las cosas han cambiado.

Pero esta deconstrucción tan acelerada y que a veces pasa inadvertida, como algo reactivo de nuestro cerebro, puede ser algo pausado, tranquilo y hecho a propósito. Y es como yo entiendo la deconstrucción. Ese darme cuenta de cómo pienso o siento, y preguntarme por qué lo hago así. Bucear en las profundidades de mi mente, de mi pasado, para encontrar esos ingredientes primeros, esas primeras creencias que me hacen ser quien soy y moverme por el mundo como lo hago. Ser capaz de decantar toda mi persona para encontrar los cimientos, la estructura básica que me sostiene, y desde ahí empezar a construir.

Hay una canción de Dani Martín que se titula "De cero", y dice:

"Quiero que todo vuelva a empezar
Que todo vuelva a girar
Que todo venga de cero, de cero"

Cuando la escucho me asalta esa creencia naíf de que empezar de cero es real y puede ser una opción. Pero mi mente me dice que por mucho que me deconstruya, la estructura seguirá intacta. Puedo tratar de hacerla sencilla, lo más básica que me imagine, pero no es posible crearla desde cero.

Y esto es bueno. Yo no habría llegado hasta aquí de no ser por la estructura básica de pensamientos y creencias que he tenido, ni de lo que he ido construyendo día a día desde que nací. Pero lo interesante de todo esto es que puedo seguir deconstruyendo mi persona cada día, preguntándome los porqués de las cosas más insignificantes, descubriendo los básicos que me sostienen, las motivaciones que me hacen crecer; revisar una y otra vez, ver lo que me vale y eliminar lo que no.

En utilitas nunca nos cansamos de contar que el cambio es constante, siempre está. Lo ves en tu propio cuerpo físico, y si buscas un poquito lo sentirás en tu mente y en tu emoción. Y muchas veces cuesta darnos el permiso para cambiar una creencia, una emoción, una reacción. El entorno es reacio al cambio. Hasta los más cercanos a ti harán evidente tus cambios como algo negativo. Cambiar de opinión es legítimo, porque  lo que hoy creemos, mañana o dentro de un mes puede no tener ningún sentido para nosotros. Así que está bien revisarlo cada vez, deconstruirlo y volverlo a construir.


Deconstruirse
utilitas, el valor de la escucha, Aurora Ferro 11 noviembre, 2022
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